jueves, 29 de enero de 2009

NO CREO EN LOS CONCURSO LITERARIOS

Los concursos literarios son eventos que estimulan e incentivan la creación. Motivan: una experiencia personal, disciplina, invitan a ser mejores y brinda la oportunidad de ser reconocidos a través de un premio, ser editado y sentir que se está yendo por buen camino y no: perseguido por un a ilusión. Es decir “creer que se es bueno”.

Gobiernos como Francia, reconocen la importancia de estos concursos, por se una necesidad y un derecho del ser humano –expresarse artísticamente-, motivo por le existen cientos de concurso literarios todo el año organizados por diferentes instituciones estatales y empresas. Cosa que no pesa en nuestro país. Cuyos empresarios andan levemente preocupados de sus ingresos, más que contribuir a salir del subdesarrollo del pueblo que los vio nacer.


Cada institución tiene un objetivo. Algunos: están en la cresta de las olas (lo cual es loable y envidiable). Lo reprochable es cuando por interés personal, la seriedad que da a un lado y actúa de espaldas a lo justo.


Por esta razón -quizás-, no creo en ningún concurso que se lleve a cabo. No lo digo por decir. Si empezó a hacer memoria, dicha animadiversíon se remonta desde años atrás. Al enterarme gracias a Irving Wallace – que se le había negado a Fedor Dostoievsky el premio Novel, por ser ruso. ¡Increíble! También – gracias a este escritor e investigador – que: Gabriela Mistral había concursado por dicho Premio, nada menos por el echo de ser Hesse, aleman y, estar resentido, los organizadores, por aquel espinoso asunto denominado: Segunda Guerra Mundial.


Lo que resulta increible creer es que, después de años, venimos a descubrir que, quines conformaban el Jurado de Literatura del famoso Premio, ninguno tenía que ver con las letras. ¡En absoluto! Por ser: “Científicos”.

“Bueno, así es la vida”, dirán ustedes. Pero nosotros, nos que damos atrás.

Haciendo memoria, recuerdo cuando el Ministerio de Educación solía recompensar a la mejor obra Literaria del año. El premio le fue entregado a un extraordinario y excelente escritor… que nunca postuló y lo insólito del caso: ¡no había concluido de escribirla!

¿Por qué lo hizo el Jurado?
Por no haberles convencido ninguna de las novelas, presentadas en dicho concurso.
¿Quien resultó ser el ganador?
Nada menos, ni nada más que: ¡don José María Agüedas!
¿Cómo me llego a enterar de esta historia?
Por uno de los miembros del Jurado: ¡Porfirio Meneses!
Para ganar un concurso literario, en el Perú y en el siglo que vivimos, no resulta difícil.

Nada complicado si se sigue la regla siguiente:
Basta ser estudiante de la Universidad Católica o egresado de ella; profesor de la Católica, amigo de algún miembro del Jurado de la Católica, hacer corregir su obra por algún catedrático de la Católica. O ser amigo de un crítico o periodista de un importante diario que trabaje en la Católica.


Estos últimos, es fácil de conseguir.
“Los periodistas” –según Oscar Wilde -, por lo general, suelen venderse.
Lo curioso del caso es que… no son muy caros”



JUAN RIVERA SAAVEDRA

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